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25 de julio de 2010

Compañía y fulgor

Mi cuerpo está solo. Mi cuerpo, donde soy yo, no posee, vivo de mis ojos y mis oídos. Sólo dos cuerpos desnudos disuelven los límites, la soberbia del individuo, el vacío siniestro. No reconozco otra forma de encuentro entre dos humanos: dos cuerpos desnudos hacen el ángel. Aunque escriba, no diré nunca lo que deseo comunicar, sin embargo, mi palabra busca la anatomía, la seña, la coreografía precisa para desvestir la música del cuerpo sobre las letras.

Sólo ante una mujer desnuda, ante su apacible luz, me mortifica no ser inmortal, busco en la mujer la posibilidad del paraíso, la ternura de Dios.

Toda desnudez es fraternal, es el retorno a la virginidad del sentir, renovamos nuestras palpitaciones en el roce orgánico y verdadero. Es el encuentro más limpio de las almas, el cuerpo es la vía de acceso a la ternura infante de un ser hermético.

Cuando estamos solos queremos encender alguna lámpara. Todo encuentro, todo acceso dispone luz y sombra.

1 Reacciones:

Anónimo dijo...

" Busco en la mujer la posibilidad del paraíso.."
Que sintesís tan exquisita y divina. Me conmueve esa posibilidad.